domingo, septiembre 23, 2007

Algunas frases de Sócrates



-La única cosa que sé es que no sé nada; y esto cabal_ mente me distingue de los demás filósofos, que creen saberlo todo.

-Aprender no es otra cosa que acordarse.

-Si quieres gozar de una buena reputación preocúpate en ser lo que aparentas ser.

-La mejor salsa para la comida es el hambre.

lunes, septiembre 10, 2007

HAGAMOS UN TRATO

Mario Benedetti

Compañera
usted sabe
que puede contar
conmigo
no hasta dos
ni hasta diez
sino contar
conmigo.
Si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o talvez porque existe
usted puede contar
conmigo.
Si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo.
Pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe
que puede
contar conmigo.

SI DIOS FUERA UNA MUJER



Mario Benedetti
(Uruguay)

¿Y si Dios fuera una mujer?
Juan Gelman

¿y si dios fuera mujer?
pregunta juan sin inmutarse

vaya vaya si dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas

tal vez nos acercáramos a su divina
desnudez
para besar sus pies no de bronce
su pubis no de piedra
sus pechos no de mármol
sus labios no de yeso

si dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos sida o pánico
nos contagiaría su inmortalidad

si dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos
sino que nos aguardaría en el zaguán del
infierno
con sus brazos no cerrados
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles

ay dios mío dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería
qué venturosa espléndida imposible
prodigiosa blasfemia

miércoles, septiembre 05, 2007

PÍNTAME ANGELITOS NEGROS

















Andrés Eloy Blanco
(Venezuela)
1896-1955


--Ay, compadrito del alma,
¡Tan sano que estaba el negro!
Yo no le acataba el pliegue,
yo no le miraba el hueso;
como yo me enflaquecía,
lo medía con mi cuerpo,
se me iba poniendo flaco
como yo me iba poniendo.
se me murió mi negrito;
dios lo tendría dispuesto;
ya lo tendrá colocao
como angelito de Cielo.

--Desengáñese, comadre,
que no hay angelitos negros.

Pintor de santos de alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos
no te acuerdas de tu pueblo,
que cuando pintas tus Vírgenes
pintas angelitos bellos,
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro.

Pintor nacido en mi tierra,
con el pincel extranjero,
pintor que sigues el rumbo
de tantos pintores viejos,
aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.

¿No hay un pintor que pintara
angelitos de mi pueblo?
Yo quiero angelitos blancos
con angelitos morenos.
Ángel de buena familia
no basta para mi cielo.

Si queda un pintor de santos,
si queda un pintor de cielos,
que haga el cielo de mi tierra,
con los tonos de mi pueblo,
con su ángel de perla fina,
con su ángel de medio pelo,
con sus ángeles catires,
con sus ángeles morenos,
con sus angelitos blancos,
con sus angelitos indios,
con sus angelitos negros,
que vayan comiendo mango
por las barriadas del cielo.

PALABREO DE LA LOCA LUZ CARABALLO


de:
Andrés Eloy Blanco



De Chachopo a Apartadero
caminas, Luz Caraballo,
con violeticas de mayo,
con carneritos de enero;
inviernos del ventisquero,
farallón de los veranos,
con fríos cordilleranos,
con riscos y ajetreos,
se te van poniendo feos
los deditos de tus manos.

La cumbre te circunscribe
al sólo aliento del nombre,
lo que te queda del hombre
que quién sabe dónde vive:
cinco años que no te escribe,
diez años que no lo ves,
y entre golpes y traspiés,
persiguiendo tus ovejos,
se te van poniendo viejos
los deditos de tus pies.

El hambre lleva en sus cachos
algodón de tus corderos,
tu ilusión cuenta sombreros
mientras tú cuentas muchachos;
una hembra y cuatro machos,
subida, bajada y brinco,
y cuando pide tu ahínco
frailejón para olvidarte
la angustia se te reparte:
uno, dos, tres, cuatro, cinco.

Tu hija está en un serrallo,
dos hijos se te murieron,
los otros dos se te fueron
detrás de un hombre a caballo.
“La Loca Luz Caraballo”
dice el decreto del Juez,
porque te encontró una vez,
sin hijos y sin carneros,
contandito los luceros:
...seis, siete, ocho, nueve, diez...

lunes, septiembre 03, 2007

Salvador Dalí



Este cuadro de Dalí es uno de mis preferidos. La profundidad, la inmensidad, las posibilidades, lo desconocido, el misterio, la paz y los límites, lo prohibido. Debo dejar de buscarle implicaciones porque cada vez le consigo una nueva. Es realmente maravilloso.

Y eso que todavía no me he puesto a escribir sobre la pose de la chica, su cabello despeinado, la posición de sus piernas, sus formas voluptuosas y a la vez discretas.... Mejor guardo silencio y sigo disfrutando.

domingo, marzo 18, 2007

Mueren las montañas





Realmente ¿no hay otros lugares donde esta gente pueda construir sus casas que no sea talando los que en su mayoría son los pulmones vegetales de las ciudades?

Es una culebra de mil cabezas porque hay muchas cosas involucradas en esto: pobreza, gestión política (o su falta), administración de los recursos del Estado, aplicación de proyectos de viviendas que proporcionen espacios dignos para que los ciudadanos puedan vivir sin que deterioren de las pocas áreas verdes que nos quedan. Así muchas otros factores que seguro se me escapan ahora, pero que contribuirían poco a poco (porque no es una labor a corto plazo)a ir solventando estos casos.



Por otro lado, todos merecemos hogares en lugares accesibles, habitables, pero en muchos casos estas construcciones son resultado de la búsqueda de la comodidad, facilismo. No todos los casos -sé que en gran cantidad es pobreza extrema-, pero mientras los gobiernos no se ocupen de ubicar, reubicar y ayudar a la gente, y la misma gente no colabore aceptando otras alternativas: nos iremos quedando sin aire y sin espacios naturales. Ojalá esas alternativas les lleguen pronto.

El 45



Este es el famoso Bloque 45 del 23 de Enero en Caracas. Es mencionado en varios cuentos de Salsa y control del escritor venezolano José Roberto Duque. Se los recomiendo porque con su forma narrativa transmite las peripecias, creencias y sobrevivencias de esta gente en los años noventa. Además es corto y se lee rápido.

sábado, noviembre 25, 2006

"Los rinocerontes y el amor"

por Alberto Barrera

Un rinoceronte enamorado es casi una tragedia. Nunca sabe qué hacer. Raspa, durante años, su lomo contra los robles más viejos. Con frecuencia se equivoca. Suspira demasiado, gruñe, espera que salga la luna y se empeña en demostrar que puede mojar con su lengua la punta de su cuerno.

Un rinoceronte enamorado es siempre un homenaje a la estupidez. Olvida su tamaño, su furia, su fuerza.

Y es capaz de repetir el tongo gesto de las serenatas, el suicidio de las simples margaritas.
Pasa meses sentado frente a Hiroshima
mom amour, por supuesto.

Un rinoceronte enamorado no asusta a nadie. Tal vez por eso, siempre fracasa.

Tomado de: El gesto de narrar, compilado por Julio Miranda. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana,1998.

jueves, noviembre 02, 2006

Atado

Tú, para mí, eres la oportunidad de vengarme de la maldición de estar vivo, aborrezco lo que eres y lo que no llegas a ser. Te odio, siento que tu existencia es mi peor castigo y mi mayor desdicha, quisiera no verte sonreír nunca, deseo verte para escupir tu rostro y mirarte con desprecio, quisiera hacerte infeliz y arruinar cada gota de aire que respires, que tu vida sea un calvario junto a mí y que desconozcas la calma. Quiero que pagues todas tus palabras, las que me han herido y las que lo han intentado sin conseguirlo. Quiero ahogarte en la incomodidad y el lamento, que quieras huir pero no puedas, que estés atado a mí, aborreciéndome, sin soportarme, acabado, arruinado, muerto.

domingo, octubre 15, 2006

Un cuento de Clarice Lispector

Mejor que arder

Era alta, fuerte, con mucho cabello. La madre Clara tenía bozo oscuro y ojos profundos, negros.
Había entrado en el convento por imposición de la familia: querían verla amparada en el seno de Dios. Obedeció.
Cumplía sus obligaciones sin reclamar. Las obligaciones eran muchas. Y estaban los rezos. Rezaba con fervor.
Y se confesaba todos los días. Todos los días recibía la hostia blanca que se deshacía en la boca.
Pero empezó a cansarse de vivir sólo entre mujeres. Mujeres, mujeres, mujeres. Escogió a una amiga como confidente. Le dijo que no aguantaba más. La amiga le aconsejó:
-Mortifica el cuerpo.
Comenzó a dormir en la losa fría. Y se fustigaba con el cilicio*. De nada servía. Le daban fuertes gripas, quedaba toda arañada.
Se confesó con el padre. Él le mandó que siguiera mortificándose. Ella continuó.
Pero a la hora en que el padre le tocaba la boca para darle la hostia se tenía que controlar para no morder la mano del padre. Éste percibía, pero nada decía. Había entre ambos un pacto mudo. Ambos se mortificaban.
No podía ver más el cuerpo casi desnudo de Cristo.
La madre Clara era hija de portugueses y, secretamente, se rasuraba las piernas velludas. Si supieran, ay de ella. Le contó al padre. Se quedó pálido. Imaginó que sus piernas debían ser fuertes, bien torneadas.
Un día, a la hora de almuerzo, empezó a llorar. No le explicó la razón a nadie. Ni ella sabía por qué lloraba.
Y de ahí en adelante vivía llorando. A pesar de comer poco, engordaba. Y tenía ojeras moradas. Su voz, cuando cantaba en la iglesia, era de contralto.
Hasta que le dijo al padre en el confesionario:
-¡No aguanto más, juro que ya no aguanto más!
Él le dijo meditativo:
-Es mejor no casarse. Pero es mejor casarse que arder.
Pidió una audiencia con la superiora. La superiora la reprendió ferozmente. Pero la madre Clara se mantuvo firme: quería salirse del convento, quería encontrar a un hombre, quería casarse. La superiora le pidió que esperara un año más. Respondió que no podía, que tenía que ser ya.
Arregló su pequeño equipaje y salió. Se fue a vivir a un internado para señoritas.
Sus cabellos negros crecían en abundancia. Y parecía etérea, soñadora. Pagaba la pensión con el dinero que su familia le mandaba. La familia no se hacía el ánimo. Pero no podían dejarla morir de hambre.
Ella misma se hacía sus vestiditos de tela barata, en una máquina de coser que una joven del internado le prestaba. Los vestidos los usaba de manga larga, sin escote, debajo de la rodilla.
Y nada sucedía. Rezaba mucho para que algo bueno le sucediera. En forma de hombre.
Y sucedió realmente.
Fue a un bar a comprar una botella de agua. El dueño era un guapo portugués a quien le encantaron los modales discretos de Clara. No quiso que ella pagara el agua. Ella se sonrojó.
Pero volvió al día siguiente para comprar cocada. Tampoco pagó. El portugués, cuyo nombre era Antonio, se armó de valor y la invitó a ir al cine con él. Ella se rehusó.
Al día siguiente volvió para tomar un cafecito. Antonio le prometió que no la tocaría si iban al cine juntos. Aceptó.
Fueron a ver una película y no pusieron la más mínima atención. Durante la película estaban tomados de la mano.
Empezaron a encontrarse para dar largos paseos. Ella con sus cabellos negros. Él, de traje y corbata.
Entonces una noche él le dijo:
-Soy rico, el bar deja bastante dinero para podernos casar ¿Quieres?
-Sí -le respondió grave.
Se casaron por la iglesia y por lo civil. En la iglesia el que los casó fue el padre, quien le había dicho que era mejor casarse que arder. Pasaron la luna de miel en Lisboa. Antonio dejó el bar en manos del hermano.
Ella regresó embarazada, satisfecha y alegre.
Tuvieron cuatro hijos, todos hombres, todos con mucho cabello.
FIN