sábado, noviembre 25, 2006

"Los rinocerontes y el amor"

por Alberto Barrera

Un rinoceronte enamorado es casi una tragedia. Nunca sabe qué hacer. Raspa, durante años, su lomo contra los robles más viejos. Con frecuencia se equivoca. Suspira demasiado, gruñe, espera que salga la luna y se empeña en demostrar que puede mojar con su lengua la punta de su cuerno.

Un rinoceronte enamorado es siempre un homenaje a la estupidez. Olvida su tamaño, su furia, su fuerza.

Y es capaz de repetir el tongo gesto de las serenatas, el suicidio de las simples margaritas.
Pasa meses sentado frente a Hiroshima
mom amour, por supuesto.

Un rinoceronte enamorado no asusta a nadie. Tal vez por eso, siempre fracasa.

Tomado de: El gesto de narrar, compilado por Julio Miranda. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana,1998.

jueves, noviembre 02, 2006

Atado

Tú, para mí, eres la oportunidad de vengarme de la maldición de estar vivo, aborrezco lo que eres y lo que no llegas a ser. Te odio, siento que tu existencia es mi peor castigo y mi mayor desdicha, quisiera no verte sonreír nunca, deseo verte para escupir tu rostro y mirarte con desprecio, quisiera hacerte infeliz y arruinar cada gota de aire que respires, que tu vida sea un calvario junto a mí y que desconozcas la calma. Quiero que pagues todas tus palabras, las que me han herido y las que lo han intentado sin conseguirlo. Quiero ahogarte en la incomodidad y el lamento, que quieras huir pero no puedas, que estés atado a mí, aborreciéndome, sin soportarme, acabado, arruinado, muerto.